¿Cuánto cuesta desarrollar software a la medida en México?
Es la primera pregunta de toda conversación, y casi nadie la contesta. Pides una cotización, y te responden que depende. Lo cual es cierto y a la vez completamente inútil, porque nadie puede llevar “depende” a un consejo directivo.
Así que vamos a contestarla con números.
Los rangos, en pesos
En el mercado mexicano, para software empresarial hecho a la medida, los rangos que vemos son más o menos estos:
De $150,000 a $400,000 MXN. Una herramienta que resuelve un problema acotado y bien definido. Un sistema para cotizar, un portal donde tus clientes consulten su estado de cuenta, una app interna que sustituye tres hojas de cálculo y un chat de WhatsApp. Un flujo principal, pocos tipos de usuario, una o dos integraciones. De seis a diez semanas.
De $400,000 a $900,000 MXN. Un sistema que se vuelve parte de la operación diaria. Varios roles con permisos distintos, integración con lo que ya tienes (tu ERP, tu facturación, tu pasarela de pagos), reportes que alguien va a usar para tomar decisiones, migración de datos históricos. De tres a cinco meses.
Arriba de $1,000,000 MXN. Plataformas con usuarios externos a escala, requisitos regulatorios serios, integraciones con sistemas que nadie ha tocado en ocho años, o un producto que piensas vender. Aquí el proyecto ya no es un proyecto: es un área.
Estos rangos no son una tabla de precios. Son el orden de magnitud que te permite saber si la conversación que vas a tener es realista antes de tenerla.
Lo que de verdad mueve el precio
Aquí es donde la mayoría de los presupuestos se rompen, y casi nunca es por donde uno cree.
Las integraciones, no las pantallas. Construir una pantalla es rápido. Conectarse a un sistema de terceros que tiene documentación de 2014, un ambiente de pruebas que no funciona y un soporte que contesta en tres días hábiles, no lo es. Si tu proyecto toca tu ERP, tu CFDI o el sistema de un proveedor, ahí está la mitad del costo real.
Los datos que ya tienes. Migrar información vieja siempre cuesta más de lo que parece. No por el volumen, sino por la suciedad: dos clientes que en realidad son el mismo, fechas capturadas en cuatro formatos distintos, campos de notas donde alguien guardó información crítica que ningún sistema esperaba. Limpiar eso es trabajo, y es trabajo que se descubre a la mitad.
Cuántas excepciones tiene tu proceso. “Siempre facturamos al cerrar el pedido” cuesta X. “Siempre facturamos al cerrar el pedido, excepto con los tres clientes grandes que facturan por mes, y excepto en proyectos de obra que van por avance, y excepto cuando lo pide el corporativo” cuesta 3X. Las excepciones no son detalles: son el software.
Quién decide. Un proyecto con un dueño que puede decir sí o no en 24 horas avanza. Uno donde cada decisión pasa por comité se alarga, y el tiempo es la unidad en la que se factura el software.
Nota qué no está en esta lista: la cantidad de pantallas, el número de botones, si quieres modo oscuro. Eso casi nunca es lo que mueve la aguja.
Precio fijo o por horas
Te van a ofrecer las dos.
Por horas protege al proveedor. Si el proyecto crece, la factura crece. Es honesto cuando el alcance genuinamente no se puede definir, y es una carta blanca cuando sí se podía y nadie quiso hacer el trabajo de definirlo.
Precio fijo traslada el riesgo al proveedor, y por eso el proveedor lo cotiza con un colchón. Pagas un poco de más a cambio de certeza. En la mayoría de los proyectos de empresa mediana, ese trueque vale la pena: necesitas un número que puedas defender internamente más de lo que necesitas ahorrarte el colchón.
Nosotros trabajamos a precio fijo con alcance escrito. No porque sea más barato, sino porque obliga a las dos partes a entender el problema antes de empezar, que es exactamente donde se decide si el proyecto va a salir bien.
Un presupuesto que no se puede defender internamente no es un presupuesto. Es una apuesta con tu nombre encima.
El costo que nadie cotiza
El software no se acaba cuando se entrega. Presupuesta, cada año, entre 15% y 25% del costo original en mantenimiento: hosting, actualizaciones de seguridad, ajustes cuando cambie el SAT o cuando tu proveedor cambie su API, y las mejoras que van a pedirte en cuanto la gente empiece a usarlo de verdad.
Si nadie te mencionó esto en la cotización, no es que sea gratis. Es que te lo van a cobrar después, cuando ya no tengas alternativa.
Por qué la cotización barata sale cara
Te van a llegar propuestas por $60,000 que prometen lo mismo que una de $400,000. La diferencia rara vez es eficiencia.
A veces es alcance: la propuesta barata cotizó lo que dijiste, la cara cotizó lo que necesitas. A veces es seniority: gente aprendiendo con tu proyecto. A veces es la estrategia de entrar barato y cobrar cada cambio como extra, hasta que el total dobla al presupuesto que rechazaste.
Y a veces es real: alguien con menos overhead que hace buen trabajo. Sí existe. La forma de distinguirlos no es el precio, son las preguntas. Un proveedor que cotiza sin haberte preguntado qué pasa cuando un pedido se cancela a medias no entendió tu problema. Y lo que no entendió, no lo cotizó.
Cómo comparar tres propuestas
Ponlas lado a lado y busca cuatro cosas:
- ¿El alcance está escrito con suficiente detalle para discutirlo? Si dice “módulo de reportes”, no está cotizado. Está adivinado.
- ¿Qué pasa cuando algo cambia? Debe existir un mecanismo explícito. Si no lo hay, existe igual, solo que a favor del proveedor.
- ¿Cuándo ves algo funcionando? Si la primera entrega es al final, no hay proyecto: hay una promesa de tres meses.
- ¿Quién es el dueño del código? Deberías ser tú. Si no queda claro en el contrato, no lo eres.
La pregunta que sí importa
Antes de preguntar cuánto cuesta, vale más preguntar cuánto te está costando no tenerlo.
Cuenta las horas que tu equipo gasta en trabajo que un sistema haría solo. Multiplica por el costo por hora. Suma los errores de captura, los pedidos que se cayeron porque nadie contestó a tiempo, la información que se perdió cuando renunció la persona que sabía cómo funcionaba todo.
Ese número casi siempre es más grande que la cotización. Y a diferencia de la cotización, ese sí se paga todos los años.
Si quieres un rango realista para tu caso, cuéntanos el problema en una llamada de veinte minutos. Salimos de ahí con un orden de magnitud, aunque no trabajemos juntos: hablemos.